Fue hace casi 30 años, cuando aún éramos jóvenes y valientes. Había que serlo para acercarse a Chamartín sin disimular las preferencias. Hubo un tiempo en que el Athletic aún ganaba en el Santiago Bernabéu. Incluso en algunas de sus épocas difíciles. No eran aquellas, como las de ahora, visitas casi testimoniales, en las que el equipo ha acostumbrado a sus simpatizantes a conformarse con que los daños sean razonablemente leves. Cierto es que la Liga era otra. Más pareja. Sin las diferencias presupuestarias que ahora condicionan desde la línea de salida. Aún estaban cerca las cuatro conquistadas por los equipos vascos, un logro difícilmente concebible en la actualidad. Pero la victoria aquí evocada la protagonizó un Athletic digamos de entreguerras, que coquetearía con el descenso al final de la temporada.

Difícil resultaba imaginar que aquel partido acabaría como acabó cuando a los 16 minutos los blancos ya ganaban 2-0. El insaciable Hugo Sánchez, autor de los dos tantos, anunciaba una tarde catastrófica, hasta el punto de que, sí, jóvenes y valientes, pero quien suscribe y sus dos acompañantes, habituales en todas las visitas de los rojiblancos a la capital, empezaron a buscar los vomitorios de salida. Mejor no ser testigos de lo que parecía avecinarse. Era un Madrid fuerte, con la Quinta del Buitre aún vigente, que venía de ganar la Liga y la Copa de la UEFA, un conjunto dispuesto a hacer sangre con los muchachos que entrenaba José Ángel Iríbar. Ahí estaba El Chopo, protagonista de actuaciones formidables en ese mismo escenario, metido ahora en otras tareas, a las órdenes de su club de toda la vida. Porque entonces el fútbol aún era sentimiento.

Endika, el héroe de la final de Copa de 1984, atenuó la ira local poco antes del descanso, justo cuando nuestra decisión de partir empezaba a ser firme. ¿Y si sucedía el imposible? ¿Íbamos a perdernos el gusto de ser testigos de semejante remontada ante el rival que concitaba nuestra mayor animadversión? Las cosas cambiaron. Y mucho. Endika volvió a batir a Buyo para poner el empate a dos. Era sólo el prólogo de lo que estaba por venir. Lejos de dar por buena la igualada, el Athletic hizo trizas a un rival vacilante, que se fue arriba sin cuidar las espaldas.

Andrinua marcó el tercero de un impecable cabezazo. Y Gallego hizo el cuarto después de una extraordinaria jugada personal. Quedaban siete minutos. Y aún pudo llegar el quinto. Era un partido más de una Liga que no forma parte de la mejor historia del club, pero el triunfo tuvo la magnitud de un auténtico acontecimiento. El Athletic levantaba dos goles adversos en Chamartín y vencía por 2-4. ¡Ni en las aún frescas Ligas de la era Clemente! Lícitas, pues, celebraciones y abrazos. Lícito el júbilo entre la incrédula representación de la hinchada. Mereció la pena resistir arriba, en el gallinero, el tercer anfiteatro. Hasta allí, casualmente, llegaron las cámaras de Televisión Española. Quedamos como estandartes del compromiso. En el resumen de Estudio Estadio, apareció mi amigo Nein, firme como un roble, junto a Alejandro, mientras el comentarista decía: «La afición del Athletic no quiso faltar a la cita».

FUENTE: www.elmundo.es

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